El día comenzaba sobre las 6.30 de la mañana, queríamos salir bien temprano para aprovechar las horas de luz y que nos quedase algo de día para patear ya que el viaje iba a ser largo.

Para que no fuese mucha paliza teníamos previsto visitar las cascadas de Ouzoud, un impresionante salto de agua de 110mt. Teóricamente estaba de camino hacía Meknes, desviandose un poco a unos 150km de Marrakech. Así que pusimos rumbo norte en busca del desvio, pero como no podía ser de otra manera el viaje nos tenía reservada unas cuantas sorpresas.

Como os podéis imaginar, la policia otra vez. En el mismo día nos pararon en 4 controles, casi nada. Dos de ellos rutinarios y dos de velocidad. Y los de velocidad son para una película de Almodovar cuanto menos. A la entrada de un pueblo y a sabiendas de que el límite es de 60km/h frené, pero una vez más, de debajo de las piedras salieron dos tipos uniformados con un radar en la mano que nos dieron en alto, no nos lo podíamos creer. Tras intercambiar 4 palabras en francés con Laura nos dicen que íbamos a 68 km/h, nuestras caras eran un poema, pero la de Laura especialmente era para un book. Nos bajamos de la furgo y Laura con un cabreo interesante les espeta, “pero qué pensáis ¿que somos imbéciles? enséñame la foto”, yo no sabía si reirme o si sacar la cámara. Los policias insistían que nos habíamos pasado el límite y que debíamos pagar una multa de 300 Dh, y efectivamente la foto así lo indicaba, incluso el policía me hizo una demostración con los coches que pasaban como el radar funcionaba correctamente. La situación era el descojono, Laura cantándole las 40 al policia y yo diciendone, “not twenty, not thirty, eight my friend”. Yo creo que en el fondo ellos se estaban partiendo el ojete con el espectáculo. Tras unos teatrales largos minutos el policia nos devolvió los papeles diciendo que yo hablaba dulcemente pero Laura no, que fueramos con cuidado y con Alá. Una vez en el coche y de ruta de nuevo no podiamos parar de reirnos, este pais es de traca.

Pero es que este era solo el aperitivo, 10min después (de reloj) en la radio suena un tema de “The Police” y le digo a Laura, mira un temazo que ni al pelo. Decir esto y otros dos agentes de la mofa saltan de detrás de un seto para darnos el alto. “Han excedido el límite de velocidad, iban uds a 68km/h”, ni en el club de la comedia. Os podéis hacer la ligera idea de el ataque de risa contenida que nos recorrió por dentro. Ya con la dulzura con la que parece que hay que tratar a los policias les dijimos que esto era un abuso, que es imposible controlar si te pasas míseros 8km/h del limite y que no ibamos a pagar ni un chavo. Así que una vez más, una sorisa profiden, una recomendación de tengan cuidado y muy amablemente una ayuda indicandonos donde quedaban las cascadas de Ouroud.

Tras mofarnos otro buen rato llegamos al desvio. La verdad es que decir en Marruecos que algo está de paso es mucho decir. Del bendito desvio hasta la cascada había una hora larga de coche, pero finalmente llegamos. Una vez más, nada más llegar un par de lugareños se ofrecieron para hacernos de guía, y con buenos modales los rechazamos. Ya habíamos leido que hay dos maneras de acceder a la cascada, la guiri en 5min u otra un poco más “sana” que rodea por la derecha las cascada por un pequeño bosque y te lleva a los pies de la misma. Tras encontrar la ruta de la derecha fuimos rodeando el cortado por donde se precipita el agua hasta llegar a la base. La verdad es que el sitio es imponente pero es una pena que lo hayan convertido en un Port Aventura cutre, aunque ya veníamos avisados por lo que habíamos leido.

cascadas ouzoud marruecos
Camino que bordea las cascadas por la derecha
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La vistas son impresionantes
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Al fondo un salto de agua de 110 mts.
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Y abajo Port Aventura

La ruta que sube, o baja según se mire, es una escalinata llena de puestos que efectivamente te lleva al parking en 5min. Contentos por haber visto las cascadas pero con ganas de patear un poco más nos subimos con resignación a la furgo para deshacer el trecho hasta el desvío y seguir rumbo a Meknes. Es una pena que no se conserven los espacios naturales y te das cuenta de lo que significan los espacios protegidos y la necesidad de ellos, el ser humano arrasa con todo aquello que se pueda convertir en dólares, en fin una pena. Bueno y gracias a Dios que es invierno, en verano no me quiero no imaginar como será todo aquello.

El día no tenía mucho más misterio, furgoneta, furgoneta y mas furgoneta. Ya con la noche bien entrada llegamos a Meknes donde nos rendimos a occidente y con una buena pizza terminamos nuestro día en la furgo a la espera de mañana si, darle duro a la zapatilla.

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Camino de vuelta de las cascadas
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Una vez más, nuestro hotel de un millón de estrellas

 



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