Con los primeros rayos de sol abrimos los ojos y tras un buen aseo y desayuno pusimos rumbo a Cinque Terre.

Cinque Terre se trata de una pequeña región en la costa noroeste de Italia formada por 5 pueblitos de lo más pintorescos anclados en la roca cual percebes.

Todavía nos quedaban unos cuantos kilómetros y la parte negativa es que íbamos a llegar a una hora demasiado dominguera y eso en sitios concurridos y encima si el acceso no es fácil, es un gran problema. El caso es que conseguimos aparcar no muy lejos del primer pueblo, Monterosso al Mare. El problema en estos pueblos no es la distancia, sino el desnivel. En 15 min (cuesta abajo) estábamos en el pueblo, más tarde tendríamos que pegarnos con la subida.

El pueblo es de postal, aunque personalmente no es el más bonito de Cinque Terre. Nuestra intención era visitar los 5 pueblos ese mismo día, pero la realidad nos abrumó. Un calor insoportable y la incertidumbre de no tener resuelto el camping de esa noche nos hicieron cambiar de planes. Decidimos darnos un baño, tomarnos un granizado e ir a Levanto a montar nuestro campamento base y al día siguiente a primera hora ir visitando todos los pueblitos con el tren ya que moverse con el coche es literalmente imposible.

Lo de las playa en Italia es para mear y no echar gota. El 95% de la superficie playera es privada, al menos en los lugares de turismo. Para poder acceder a la playa debes pagar tu hamaca y tu sombrilla, solo una ridícula parcela de playa es “free beach”. Así que jugando al tetris conseguimos colocar nuestras toallas y darnos un chapuzón.


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La retirada hasta la furgo al final no fue tan dramática, resulta que había un autobús que hacía el trayecto hasta el mini parking donde habíamos dejado la furgo, y menos mal. Ya en Levanto la suerte nos sonrió otra vez, última plaza del camping para nosotros… bueno plaza por decirlo de alguna manera. La parcela estaba bien, pero meter la furgoneta ahí, a aparte del entretenimiento de todo el camping fue una tarea de las que me hicieron sudar y quemar embrague.

Ya con la furgo instalada, nos bajamos a la playa a dar con nuestros huesos en la arena durante 1h antes de ponernos de domingo para darnos una vuelta por el pueblo al atardecer. Unas verduras con jamón en nuestra mesita de camping y el día había llegado a su fin.

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