25 de Diciembre, como manda la tradición una copiosa comida nos esperaba en nuestras respectivas casas, pero a eso de las 17.00 estábamos rumbo a Madrid. Tras rematar los últimos detalles de la maleta, y para cuando quisimos darnos cuenta estábamos despegando rumbo a Perú pasadas las 12 de la noche.

12 horas nos separaban de Lima, pero la verdad es que no recuerdo vuelo de este tipo que se me haya hecho tan llevadero, posiblemente el cansancio acumulado haya hecho su tarea. El caso es que poco después de despegar caímos secos y hasta las 3 AM que nos sirvieron la cena, en un intento de comenzar a preparar a nuestros cuerpos al nuevo horario. Llenar la panza y vuelta a sumirnos en un profundo sueño de más de 7h. La siguiente vez que abrimos los ojos eran ya las 10 de la mañana (hora española), 4AM hora peruana, y poco después nos servían el desayuno. Una peli nos separaba de Lima, donde aterrizamos puntuales a eso de 6AM.

Sin salir del aeropuerto debíamos coger otro avión que nos llevaría hasta Arequipa. El vuelo lo teníamos a las 12.05, por lo que nos esperaba una larga escala, pero hoy el día nos ha sonreído. Aún estábamos a tiempo de coger el vuelo de las 8.20, que no nos habíamos atrevido a coger desde casa por miedo a no tener tiempo para el trasbordo, y sin sobrecoste. Perú rules. El caso que es que 4h antes de los previsto estábamos aterrizando en Arequipa. Y para más inri nos habían tocado los asientos de la salida de emergencia para poder ir bien repantigados.

Ya en Arequipa un taxi nos acercó hasta nuestro hostal. Un viaje más, este recorrido siempre se queda grabado en la cabeza. Sales de casa, pasas 14h en una caja con alas y te plantas en una cultura y un clima absolutamente diferentes a los del día a día. Por eso el primer recorrido de cualquier viaje desde al aeropuerto hasta el hostal es algo especial. Absorto por la ventanilla como intentando encajar todas las nuevas imágenes, sonidos y olores en tu cabeza, hasta que poco a poco vas asimilando donde te has dejado caer.

Ya en el hostal, ducha y pies para que os quiero. Hemos dedicado el día a patear por Arequipa, una bonita ciudad colonial con su indispensable plaza de armas y sus miles de fachadas de colores.

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Hemos visitado el complejo de Santa Catalina, donde los rojos y azules de sus paredes contrastan muchísimo con el tipo de construcciones religiosas a las que estamos acostumbrados en el viejo continente, donde le gris y los tonos pastel son omnipresentes.

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El resto del día ha sido callejear y hacer las compras pertinentes para el trekking que comenzamos mañana por el cañón del Colca, el segundo más profundo del mundo, más incluso que el Gran Cañon. Pasaremos por cotas cercanas a los 5.000mts, así que a ver que tal se comporta el cuerpo.

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Los próximos tres días estaremos pateando por el Colca, así que a la vuelta espero tener muchas lineas en la cabeza esperando a que pueda tener acceso a Internet de nuevo.

Hora de dormir, mañana será un día duro.

 



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