Por donde empezar, dos días dan para mucho si son los primeros en este país de locos. Se podría resumir en que por lo que hemos podido ver, este lugar se gobierna a golpe de claxon, es más tengo la sospecha de que en el parlamento en vez de hablar, tocan el claxon.

Son detalles que todo el mundo te ha advertido. Pero hasta que no lo ves con tus propios ojos no acabas de creértelo  Los semáforos son solo para adornar la ciudad (los 4 que hay claro), el resto de la normativa vial se resume en si pito es que voy a pasar y ya está, fácil y sencillo.

La llegada, no tuvo mayores contratiempos. En el aeropuerto nos esperaban con un cartelito con mi nombre escrito de manera correcta. La entrada al centro de Delhi en coche es algo que creo que no se nos olvidará nunca. Una calle llena de vehículos (que no coches) tocando el claxon sin ton ni son sin más alumbrado que el de los vehículos ya que eran las doce de la noche y era noche cerrada. El caso es que finalmente llegamos a nuestro hotel de tres estrellas, tantas como zonas limpias tenían nuestras sábanas, verlo para creerlo. El caso es que estábamos muertos de hambre y cansados, nuestra primera comida india al room service del hotel y hora de dormir.

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A la mañana siguiente tras desayunar una salsa de curry que rezaba non-spicy y que picaba que jodía pusimos rumbo a una visita fugaz a Delhi guiados por un chofer. El típico turismo que personalmente no me gusta demasiado, pero en un día (y menos siendo el primero en el país) no hay muchas más opciones. Visitamos el “Red Fort”, la “Gate of India” y poco más. Un largo tren nocturno nos esperaba a las 17.30 rumbo a Jaisalmer.

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Según va transcurriendo el viaje nos vamos dando cuenta que todo puede ir a peor,… aunque creo que precisamente eso es lo que mola de este lugar. La llegada a la estación es otra de las cosas que se graban en el recuerdo, pasar el arco de seguridad es lo más parecido a Stargate que he vivido nunca. Con el primer paso dentro de la estación retrocedes unos cuantos años y ves aquello que suena a película. Trenes destartalados inmersos en una neblina que uno no es capaz de adivinar su origen.

Pero mola, mola muchísimo el ambiente, ver a la gente asomada a las ventanillas despidiéndose de sus seres queridos, gente corriendo, carretas… Obviamente lo primero que hicimos fue intentar enterarnos de donde salía nuestro tren, parecía sencillo la única modernidad de la estación era una pantalla de led que marcaba todas las salidas, la nuestra en la vía 9.


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Una vueltecita para hacer tiempo y media hora antes estábamos en la vía 9 donde no había ningún tren, obviamente era pronto todavía. Pero en la vía 10 un tren acababa de llegar y la gente se arremolinaba junto a las puertas, no iba con nosotros, era la vía 10. Gracias a dios que un buen samaritano se acerco a nosotros, supongo que alertado por nuestra cara de guiris perdidos en la estación, para decirnos a qué tren estábamos esperando. Al decirle que al de Jaisalmer nos dijo, es este, el de la vía 10.

En ese momento todas las alertas se activan, quedan 20 min para que salga el tren, en las pantallas decía la 9, y no hay que fiarse ni del apuntador. Entre el caos de gente y con mochilas a ambos lados corrimos como pollos sin cabeza intentando buscar una señal que nos sacará de dudas, pero como ya he dicho en este país las única señal que funciona es el claxon. Al final tras preguntar a varias personas vimos que era cierto, ese era nuestro tren.

Tras disculparnos con el hombre que nos ayudó al principio ya que había visto como desconfiando de él preguntamos a otra gente nos pusimos a buscar nuestro vagón. Nuestro vagón,… jajaja, divertido es ahora, en su momento un poco estresante. Pero finalmente dimos con nuestras literas, la 7  y 8 del vagón AH1. Dejamos nuestras mochilas y empezamos a desatar la tensión vivida mofandonos del cuchitril donde debíamos pasar las siguientes 18 horas. Las risas iban a durar poco, una vez más el país donde todo puede ir a peor nos tenía guardada una sorpresa.

El revisor nos dice que esas literas son de primera y nuestros tickets, de segunda, la mirada cómplice entre Laura y yo creo que no necesita mucha explicación. Con una mezcla de suspense y miedo (pero del bueno, del que hace gracia) nos acercamos a nuestras literas, efectivamente eran de segunda. Pero bueno tampoco tan grave como lo estaban imaginando nuestras cabezas, además nuestras compañeras de litera eran unas turistas inglesas con las que intercambiamos algunas palabras.

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La noche transcurrió sin incidentes, cual bebés que abren el ojo cuando la cuna deja de mecerse, fuimos sintiendo como el tren iba parándose en las diferentes estaciones a lo largo de la noche. Tarde, pero finalmente caí en un profundo sueño que duró hasta bien entrada la mañana.

Como no podía ser de otra manera, Jaisalmer nos tenía preparada otra sorpresa. Al salir de la estación una nube bastante más incomoda que una de mosquitos se abalanzaba contra todo aquel que tiene pinta de foráneo: “Tuk-Tuk?” “Hotel?” Nosotros intentábamos buscar entre la multitud un cartel con nuestro nombre, pero ese cartel no existía  Los gritos que al principio podían parecer incluso graciosos se tornaron molestos y desconcertantes, tras la imposibilidad de hablar 2 seg solos para aclarar ideas por la insistente persuasión del personal nos volvimos al andén de la estación a ver cuál era el plan de ataque.

El plan era obvio, llamar a Mahendra (nuestro contacto aquí) y contarle nuestro contratiempo. Tras unos segundos inquietantes en que nadie respondía al teléfono  al final alguien descolgó. Sin muchas palabras entendibles tras la línea creímos entender que la persona que tenía que llevarnos al hotel estaba en la estación. Al final un chico que tenía un cartel con los nombres de Raquel y Carla parecía ser nuestra pareja de baile. No acabamos de fiarnos del todo, minutos antes un indio listillo (y yo muy pardo) tras decirle que buscábamos a Mahendra vino 30 seg después diciendo que su compañero era Mahendra, será cabrón, yo sabía perfectamente el aspecto físico de Mahendra así que aguantándome el corte de mangas pasamos de él. Finalmente accedimos a ir con él, a pesar de que un niño cabrón gritaba que nos estaba timando, teníamos cierta seguridad ya que sin decirle nada había hablando de la empresa de Mahendra, Syam Tour.

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Esto solo era el principio, entrar a Jaisalmer con Tuk-Tuk hace que Delhi parezca el lugar más civilizado y organizado del planeta tierra. Motos, Tuk-Tuk, puestos, vacas, perros,… todo el mundo comparte las estrechas calles de tierra de Jaisalmer. Al puro estilo local, a bocinazo limpio el conductor del Tuk-Tuk nos llevó al hotel, la verdad es que en Port Aventura pagué bastante más por algo con mucho menos emoción, vaya puta locura.

Tras sortear todo tipo de obstáculos llegamos al hotel. Al final resultó que el tipo del que desconfiamos (teniendo en cuenta que no acertó ni una letra de nuestros nombres no es tan raro tampoco), resultó ser un nepalí encantador que con todo lujo nos atendió en la recepción. Por fin estábamos donde nos correspondía estar y ya teníamos habitación.

Presentiamos que la visita a Jaisalmer iba a ser cuanto menos auténtica. Callejeando fuimos viendo el día pasar, intercambiando palabras con la gente conocimos algo más de sus cultura y formas de vivir la vida.

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En un momento dado unos críos nos apuntaron con unas pistolas de agua, y yo ni corto ni perezoso apunte con la mía para sacarles una foto. Ahí comenzó una pequeña disputa divertida entre su pistola y la mía. Obviamente acabé calado, pero pasé un buen rato y me llevé la foto de recuerdo. En medio de la disputa salió su tio con intención de abroncarles, pero le dije que no pasaba nada que era culpa mía y estábamos jugando. El me explicaba que no todos los turistas se toman esas cosas con buen humor y que tiene que aprender a no hacerlo.

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Con este fortuito encontronazo comenzó una amena charla con Maraj que duró casi dos horas. Nos contaba como allí no había diferencias entre lo que ganaba cualquier miembro de la familia, todo se lo daban a la madre y todos vivían bajo el mismo techo. Se sorprendía cuando le contaba que yo tenía una casa mía, pero tenía que pagar cada mes al banco,”¿entonces vives de alquiler no?” me respondía. Estos son los minutos que  siempre recuerdo de cada viaje, cuando parece que por un segundo dejas de ser un dólar con patas y eres un poco persona. Obviamente el regentaba un negocio y al final le compramos unas especias y entre risas nos explicaba luego las tretas que había usado él en el regateo. Un buen momento sin duda.

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Así fuimos terminando el día, entre vacas (una de ellas nos meo en los pies) y las gentes de Jaisalmer. Tras una suculenta cena india en un acogedor garito cerca del hotel pusimos la guinda a un día de lo más divertido.

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Como nota anecdótica y para terminar,… la pirrilera sigue lejos de nosotros!

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4 Comments

  • Unai
    Posted 28/10/2012

    Vaya aventura!!!! Leerlo es divertido, aunque en el momento sera bastante estresante

  • inés
    Posted 28/10/2012

    Olé esos valientes! Apuesto a q sobrevivirán al curry, los “vehículos” y las vacas! 😉 bss

  • Maria
    Posted 29/10/2012

    Jjaja!! recuerdo con tus palabras cada momento vivido en INDIA hace unos años!! India es auténtica!!! y agotadora!!! Espero que lo disfrutéis mucho!!! Un beso grande a Laurita!! Desde Madrid espero ansiosa tus posts y comentarios!!! Un beso grande! María

  • Marina
    Posted 31/10/2012

    ¡¡me parto!!
    ¡me encanta como escribes!!
    Me transportáis en pocas líneas al país de colores y olores.
    Un besote grandotote con muucho cariño!!
    Muuacc. Marina

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