El viaje ya va llegando a su fin, pero aún nos quedaban unos últimos días de relax y paz terrenal. A última hora de la noche aterrizamos en Goa, una región al suroeste de la India, antigua colonia portuguesa. Nada más salir del aeropuerto ya se intuye que esto es otro mundo, el caos ha desaparecido podría tratarse de cualquier destino playero de cualquier rincón del mundo. Allí nos estaba esperando un chico de difícil (por no decir imposible) inglés que nos llevaría hasta nuestro alojamiento en este pequeño paraíso. En hora y media de viaje solo oímos 5 cláxones, no cabíamos en nuestro gozo, la paz iba a ser de verdad.

Goa, es una pequeña región de pescadores que ha vivido bajo el yugo portugués hasta hace muy pocos años. La influencia se ver por todos los lados, ya no hay templos, ahora hay iglesias por doquier y las casas evocan a un Lisboa en miniatura. Nosotros realmente estábamos alejados del núcleo urbano, Panjim. Nuestra pequeña cabañita estaba en el extremo norte de Goa, apartada en una muy poco transitada playa, qué paz!

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Pescadores poniendo su barca a punto
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Sobran las palabras.
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El día a día en las playas de Goa

La verdad es que estos tres últimos días han sido de poco turismo, rendidos al placer de leer en la tumbona hemos pasado tres días maravillosos intentando ordenar todos los recuerdos de los 11 días pasados en Rajastan. La temperatura era buena, incluso demasiado calor. A lo largo de la playa inumerables chiringuitos trabajaban para poner a punto las instalaciones para la temporada de verano que empieza ahora. Durante el verano el monzón crea estragos en estas construcciones playeras y durante estos meses se encargan de volver a reconstruir todo a las vistas de otra nueva temporada veraniega.

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Apocalypse now pero sin bombas

Obviamente no todo ha sido playa, el segundo día nos alquilamos una motito para recorrer el lugar, visitar otras playas y perdernos por mercadillos. La zona está salpicada de mercadillos hippies donde camisolas y pantalones ali-baba son el éxito de ventas. Carretera arriba, carretera abajo fuimos echando las tardes por el paraíso terrenal.

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Nuestro nidito

El último día conocimos a Raquel, me refiero a conocerla en persona. Raquel es la hermana de unos amigos que por motivos de trabajo ahora vive en Goa con su marido y sus dos encantadoras niñas. Ella es la que nos ha aconsejado todo lo referente a Goa, pero todavía no la conocíamos en persona. Como si de un capítulo de españoles en el mundo se tratara nos ha enseñado rincones de Goa que no hubiéramos conocido de otra manera, nos llevó al mercadillo de los viernes de Mapusa, pero no en plan turismo sino de verdad, ahí es donde ella hace la compra de verduras.

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Al rico coco
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Igual que en el Mercadona
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Contactando con nuevos proveedores.

La verdad es que ha sido un auténtico placer vivir Goa desde dentro, con alguien que vive allí. Para rematar su hospitalidad nos preparó unas tortillas de patata para el aeropuerto que sinceramente casi me hacen llorar. Nuestros últimos minutos en Goa fueron de manual de guión de película con final feliz. En una espectacular terraza con vistas a la playa y con el sol en el horizonte nos tomamos un delicioso zumo y con el sol ya acostado pusimos rumbo al aeropuerto. Tres vuelos y más de 8.000km nos separaban de nuestra rutina, las vacaciones habían terminado.

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Nuestro último atardecer en India.

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