La realidad es que las de las 4 horas que teníamos antes de las 23.30h yo creo que no llegamos a dormir ni 20min cada uno. No sé si los nervios, la hora “absurda” de echarse a dormir o una combinación de ambas. El caso es que no descansamos absolutamente nada, pero bueno no había vuelta atrás, tocaba armarse de valor.

Tras equiparnos con más capas que una cebolla nos presentamos listos y firmes a nuestro lugar de encuentro. Lo de las capas es literal, no me he puesto tanta ropa en mi vida. En la parte de arriba yo llevaba 2 térmicas, un forro, un plumifero y un cortavientos, cuando me dijo Filex me pareció una exageración y que me iba a cocer, pero tenía más razón que un santo, toda ropa es poca para los 15 grados bajo cero que haría esa noche en los alrededores de la cumbre.

Un té rápido y no había tiempo que perder, más de 6h nos quedaban antes de llegar a la cumbre, aunque en ese momento no teníamos ni la más remota idea de la que se nos venía encima. Os podréis imaginar la estampa, Filex, Abraham, Laura y yo, cada uno con su frontal, como si de una penitencia se tratara, en medio de la noche cerrada caminando muy lentamente y sin decir palabra. La primera hora es de incertidumbre, empiezas a notar el cansacio pero vas concentrado en el siguiente paso, en ver cómo reacciona tu cuerpo y en intentar optimizar tus energías.

La ascensión no da ni un solo segundo de tregua, un interminable zig-zag te va haciendo ganar metros camino a la cumbre. El único sonido son las pisadas sobre la nieve, y la respiración agitada de cada uno de nosotros. Hacía arriba no se ve nada, hacía abajo menos. Tu única información visual acaba, donde acaba la luz de tu frontal. Tras 2h largas de subida llegaba la primera parada, último punto en el que tuve fuerzas de sacar la GoPro para grabar algo,

Yo me encontraba bastante cansado, y sobre todo con sueño. La parada fue tremendamente breve, pero por necesidad, en cuanto te paras te congelas vivo. Aproveché para tomarme una barrita de proteinas, que la verdad es que no sé que le echan pero es un puto milagro, me dio la vida. Laura estaba menos cansada que yo y con mejor cara, pero tampoco por mucho tiempo.

A las 3h más o menos Laura dice “minibreak porfavor”, en fin… los que conozcáis a Laura sabréis que para que Laura pida tiempo muy jodida debe de estar. La verdad es que como vas en fila india solo ves la mochila del de adelante, pero en ese minibreak cuando Laura giró la cara un respingo me recorrió el cuerpo. Con el pelo congelado y con sintomas de no encontrarse muy bien preguntó: “¿Cuanto queda?”, Filex dijo 2h aún y Laura respondió: “No sé si voy a llegar, me están dando nauseas”. La verdad es que me preocupé un poco, no quedaban 2h ni de coña, quedaba mucho más pero Laura no pareció ser consciente de ello y lo de las nauseas no mola nada. El caso es que hicimos, como bien pidió, un minibreak y le “obligamos” a Laura a comer un poco de barrita de proteinas. Y una vez más, no sé que lleva esa mierda, pero le trajo de nuevo a la vida. Arrancamos de nuevo y parece que ya estábamos los dos más o menos engrasados para seguir la interminable pala que nos llevaría hasta Gilman’s Point (5681 mts).

La subida no terminaba nunca, y las horas pasaban en medio de la nada y con una temperatura que no permitía parar más de 2min a retomar el aliento. Lo bueno es que simplemente sentíamos fatiga, no teníamos ningún otro problema asociado a la altura. Filex nos preguntaba, “¿Solo cansacio u otro “Matata” (problema)?”, “No, solo cansacio” le respondíamos. Los minutos parecían horas, la noche hace que todo sea mucho más pesado, andas casi sin rumbo sin ver nada y en un silencio absoluto ya que todo el mundo va concentrado en dar el siguiente paso.

Tras más de 4h de subida sin cesar, llegamos a Gilman’s Point (5681 mts), que al ver un cartel la gente se viene arriba pensando que ya está, ilusos. Gilman’s Point (5681 mts), es el borde del crater, pero aún quedan 2 largas horas hasta llegar a Uhuru Peak (5895 mts). Así que ahora con una leve tregua en el desnivel, pero con muy poquitas fuerzas ya, arrancaba una senda más o menos llana que volvía a ascender a la medía hora hasta la cima. En este punto empiezas a sentir que no estás solo, en medio de la noche ves linternas de gente que está subiendo por la ruta Machame y eso te reconforta un poquito, pero solo eso, un poquito.

Aquí cada paso cuesta un triunfo, sabes que cada vez queda menos y que hay posibilidades de que vas a conseguirlo, pero el cansancio empieza a hacer mella de verdad. Eso junto al tiempo, que al estar ya en una zona expuesta, la ventisca soplaba con intensidad y hacía cada paso si cabe aún más dificil. A la hora más o menos de Gilman’s Point (5681 mts) empiezas a ver a gente que baja ya, un rayo de esperanza, no puede quedar mucho, pero aún queda. La noche y la ventisca hacían que no se viera nada y no tienes ningún contacto visual con la cima hasta los pocos metros de llegar.

Laura iba un poco por delante con Abraham y yo iba algo rezagado y parandome cada 20 pasos, en un momento dado Filex me cogió del brazo y me dijo: “Está ahí, ya lo tienes”, levanté la vista y vi a Laura, le dije con un hilo de voz: “¿Has llegado ya?”, y me dijo: “No, está ahí ya, te estoy esperando”. Dios, una mezcla de emoción, agotamiento absoluto, frio se me juntaron en la garganta. Al fondo se veían flashes en medio de la niebla,… estaba ahí. Como no podía ser de otra manera, agotado, pero ese momento había que grabarlo. Saqué la GoPro y llegamos al techo de África absolutamente agotados, pero tremendamente emocionados.

kilimanjaro kibo hut
Porque siempre una imagen vale más que mil palabras.

kilimanjaro kibo hut
El pequeño gran milagro, amanecía tras una dura y larga ascensión nocturna.

Imposible describirlo con palabras. 6.00AM hora local, el techo de África era nuestro.

El destino nos tenía preparada el mejor de los regalos. Marcaban las 6.01AM entre la niebla comenzaba a verse algo de claridad y yo solo pensaba, cómo coño voy a hacer la foto de la cima con la reflex (no lleva flash), eché la mano a la mochila para sacar la cámara y según levanto la mirada al cartel de la cima la veo perfectamente iluminada, ¿de dónde coño ha salido esa luz?, me pregunté. Giro la cabeza y veo una de las imágenes más espectaculares que he visto en mi vida, por encima de un mar de nube y con una limpieza absoluta aparecían los primeros rayos de sol del 21 de Noviembre de 2016. Un regalo de la naturaleza que no se me borrará jamás. El mayor problema es que con 15 grados bajo cero y un cansancio como no había vivido nunca me quedaron fuerzas para sacar 4 fotos literal, antes de empezar el descenso.

Si la subida es dura el descenso es la puntilla. Las fuerzas ahora si que son justas, justas, pero aún quedan 2 interminables horas de bajada que acaban con la paciencia y las rodillas de cualquiera. La buena noticia es que la haces de día y quieras que no la luz te da la vida y se lleva de otra manera. La verdad es que psicológicamante a mi se me hizo interminable la bajada, pero la haces con el regustillo de saber que has tocado la cima y que el reto lo has superado. Rozando las 9.00AM llegamos de nuevo a Kibo Hut (4700mts) tras más de 9h sin tregua de caminata en medio de la más absoluta oscuridad las 6 primeras. Pero ya estaba, estábamos de nuevo en el campamento y con fuerzas para incluso grabar la llegada.

kilimanjaro kibo hut
Subir no lo es todo, la bajada fue un duro desgaste físico y mental

Si por todo esto no fuera poco, el día no había terminado, quedaban aún otras 3h de caminata hasta Horombo (3700mts) donde pasaríamos la noche. Así que tras descansar poco más de 1h, volvimos a cargarnos las mochilas y echamos a andar por otra ruta (la ruta Coca-Cola) hacia Horombo (3700mts). Entre el subidón de haberlo conseguido y esa hora de descanso que es mialgrosa, las tres horas hasta el campamento se hicieron de los más llevaderas, aunque físicamente las rodillas yo las tenía hechas puré.

Ahora si que si, ya en Horombo (3700mts) y con las tiendas montadas llegaba el descanso del guerrero, habíamos superado la etapa más dura con mucha diferencia del viaje, y habíamos hecho cumbre los dos. Una enorme felicidad nos meció en un plácido sueño.

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