Hay dos maneras de llegar a Machu Picchu, sudando o sin sudar, no hay más opciones. Puedes vivirlo como una recompensa o como una excursión. En estas líneas intentaré transmitir 10 motivos por lo que merece la pena llegar sudando la camiseta.

El Camino Inca (o Inka Trail) es un camino con más de 5 siglos de historia. Se trata de un camino ancestral que usaban los Incas para comunicarse a través de todo su imperio. El camino Inca es extensísimo y no se conserva en su totalidad, pero hoy en día es posible recorrer 42 km de este camino legendario antes de llegar a la ciudadela de Machu Picchu.

Es una excursión exigente que dura 4 días, pero se puede hacer siempre que no se cometan excesos, como realizarla sin aclimatarse o de resaca. Es un camino que deja huella. Machu Picchu es un lugar único y por ello es una de las maravillas del mundo moderno, pero llegar hasta el con esfuerzo hace que la experiencia sea absolutamente redonda. Es más, cuando llegas tras 4 días caminando te sientes absurdamente superior a toda la gente que llega limpita y oliendo bien, tienes la sensación de que ellos no se lo merecen, pero también te hace sentirte un poquito aventurero y saber que vas a disfrutar de eso mil veces más que el resto.

Si quieres conocer la crónica completa del viaje: Camino Inca

1.-Vivir Machu Picchu como una recompensa.

Llegar a Machu Picchu tras 4 días andando, con 42 km a tus pies y más de 1500 mts de desnivel acumulado es una experiencia que se queda grabada a fuego en cualquiera que lo experimente.

A pesar de no haber vivido la experiencia de llegar en tren a Machu Picchu, estoy absolutamente convencido de que no se acerca ni a la décima parte de la emoción que se siente al divisar la ciudadela al alba tras 4 días de caminata. Es realmente difícil explicarlo con palabras.

2.- Disfrutar de la cultura Inca.

Durante 4 días, cada paso que das sobre esas piedras es un paso sobre la historia del imperio Inca. Caminar por esas montañas, sentir y ver lo que hace 500 años vivieron los Incas es muy reconfortante. Quizá sea algo místico, pero a mi me hizo disfrutar como un niño.

3.- Compartir vivencias con gente local.

El camino Inca no se puede realizar por libre, es necesario ir en un grupo más o menos reducido y con guías. A parte van contigo porteadores para montar los campamentos a lo largo de los 4 días.

Aunque para las almas libres pueda resultar un impedimento, en el fondo es una ventaja. Convivir tan intensamente con los guías y los porteadores te hace integrarte en su cultura y en sus costumbres de una manera muy intensa. Pasar noches (estrelladas o lluviosas, es igual) con la gente del campamento es una experiencia en sí.

4.- Ponerte a prueba a ti mismo.

Es importante conocer tus límites para no hacer locuras. El trekking es exigente pero asequible para alguien con más o menos buen estado físico. Sufrir, apretar los dientes en cada escalón y conocer hasta dónde eres capaz de llegar es lo que lo hace bello.

Se segrega tal cantidad de química en el cuerpo que convierte la experiencia en inolvidable. Coronar el collado de Warmiwañusca a más de 42000 metros sobre el nivel del mar es algo casi épico (teniendo en cuenta que la etapa comienza en los 3000 mts). Nunca jamás he sentido el nudo en la garganta tras coronar una cima, ni nada que se le asemeje. En este caso solo pude abrazar a Laura y aguantarme las lágrimas, difícil de explicar con palabras.

5.- Ver amanecer desde Inti Punku.

Al recorrer el Camino Inca antes de pisar la famosa ciudadela se pasa por Inti Punku también conocida como Puerta del Sol, porque en ciertas épocas del año, desde Machu Picchu, se puede apreciar al sol  salir justo por ese punto.

Generalmente se accede al último tramo del camino sobre las 5.00AM que es cuando lo abren por lo que rondando las 6.00 de la mañana pisas Inti Punku. Desde allí sientes el escalofrío de ver Machu Picchu por primera vez tras varios días andando a la vez que ves salir el sol por entre las montañas.

Sin duda una de las imágenes que se te queda grabada en la retina.

6.- Vivir una experiencia irrepetible.

Machu Picchu es simplemente la guinda del pastel, la meta, el objetivo final. Pero entre tanto vives una especie de campamentos de verano con gente de otros países con las que compartir alegrías y sudores, cenas y desayunos  y muchas, muchas horas de charla, risas y buen rollo. Hacer el Camino Inca es muchísimo más que Machu Picchu, es una vivencia.

7.- Hacer buenos amigos.

Yo soy el primero que se ríe de estos realities en los que la gente llora cuando la gente se va tras haber convivido apenas una semanas. Pero sin llegar a ese extremo es increíble los lazos que puedes hacer en tan solo 4 días con gente que hasta pocos días antes no conocías de nada.

Nosotros coincidimos con un grupo increíble de argentinos y un par de Colombianas, madre e hija. Sin ir más lejos, con el grupo de Argentinos acabamos quedando para cenar y hacer alguna excursión un par de semanas después en la otra punta de Perú. Sin duda una buena manera de conocer gente de otros países y culturas. Otra joyita que nos trajimos el viaje.

8.- Conocer otros yacimientos arqueológicos.

A lo largo del Camino Inca que ya es un yacimiento arqueológico de por si vas pasando diferentes puntos estratégicos y vitales de la comunidad Inka. Runkurakay, Sayacmarca, Phuyupatamarca son nombres que al principio parecen impronunciables pero que tras terminar el Camino Inca se convierten en familiares y bonitos recuerdos.

9.- Ver paisajes que no creerás que son reales.

Los incas de tontos tenía poco, y el camino lo construyeron pasando por lugares absolutamente increíbles que hacen las delicias de todos los sentidos. Bosques, valles, collados,… el paisaje se convierte en un telón de fondo que te acompaña durante todo el camino.

10.- Disfrutar de los pequeños placeres del día a día.

Tras superar el Camino Inca cosas tan triviales como una ducha, un colchón o una CocaCola se antojan milagros del mundo moderno. A veces está bien privarnos de estas cosas para valorarlas como se merecen. Hacedme caso que la primera noche y la primera ducha tras la aventura no se olvidan

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