Cruzamos el Estrecho el 26 de diciembre con la furgoneta y volvimos nueve días después, tras pasar la Nochevieja en Marrakech. Por el camino: dos ciudades imperiales, la medina de Fez, el Atlas cruzado dos veces, las gargantas del Todra, Ait Ben Haddou, las cascadas de Ouzoud y Chefchaouen.
Esta guía es esa ruta, etapa por etapa, con lo que pagamos en campings y parkings, cómo es conducir de noche por allí, qué pasa cuando te para la policía y en qué sitios nos sobró tiempo y en cuáles nos faltó. Vale igual si vas en furgoneta, en camper o en coche de alquiler: lo único que cambia es dónde duermes.
La ruta de un vistazo
| Día | Etapa | Lo principal | Dónde dormimos |
|---|---|---|---|
| 1 | Algeciras → Tánger → Asilah | Ferry y aduana | Parking de caravanas, Asilah |
| 2 | Asilah → Rabat → Fez | Medina de Asilah, kasbah Oudaya, Torre Hasan | Camping cerca de Fez |
| 3 | Fez → Errachidia → Todra | Medina y curtidores de Fez, cruce del Atlas | Camping a los pies del Todra |
| 4 | Todra → Dadès → Ouarzazate | Trekking por el oasis del Todra, gargantas del Dadès | Camino de Ouarzazate |
| 5 | Ouarzazate → Marrakech | Ait Ben Haddou, cruce del Atlas por los 3.000 m | Parking tras la Kutubia |
| 6 | Marrakech | Curtidores de Marrakech, riad y Nochevieja | Riad en la medina |
| 7 | Marrakech | Zocos sin rumbo y compras | Riad en la medina |
| 8 | Marrakech → Ouzoud → Meknes | Cascadas de Ouzoud (y cuatro controles de policía) | Camping en Meknes |
| 9 | Meknes → Chefchaouen → Tánger | Bab Mansour, Mulay Idrís y la ciudad azul | Ferry de madrugada |
⚠️ AVISO SOBRE PRECIOS — Los importes en dirhams y euros que aparecen aquí son los que pagamos nosotros en el cambio de año de 2013 a 2014. Los dejo porque dan una idea muy real de cómo funcionan las cosas allí —qué se negocia y qué no—, pero no los uses para tu presupuesto. Consulta precios y cambio actuales antes de viajar.
Cruzar el Estrecho con la furgoneta
Las dos rutas habituales son Algeciras – Tánger Med (la más usada y económica) y Tarifa – Tánger ciudad (más corta, con menos salidas). Un ida y vuelta de dos personas más el vehículo se movía entre 200 y 250 € según temporada.
Los billetes se pueden sacar en el propio puerto justo antes de embarcar, pero nosotros los cogimos con una agencia que nos habían recomendado en foros furgoneteros y que está a diez minutos del puerto: recoges los billetes y te gestionan los trámites del vehículo. Con una furgoneta, ese papeleo resuelto de antemano vale lo que cuesta.
⚠️ LO QUE NO NOS ESPERABAMOS: LOS RETRASOS — La mañana que cruzábamos, los ferris habían estado parados por temporal e iban todos con horas de retraso. Nuestras ruedas tocaron suelo marroquí de noche cerrada. A la vuelta nos pasó parecido: perdimos el de las 20:00 por tres minutos, el siguiente salía a las 2:00, llegó a las 3:00 y tardó más de una hora en embarcar. No encadenes el ferry con un plan que no puedas mover. Y lleva las almohadas a mano: nosotros acabamos durmiendo en el suelo del barco.
Día 1 y 2: Asilah y Rabat, la primera ciudad imperial
👣 Costa atlántica | ⌚️ Media mañana en Asilah, cuatro horas en Rabat | 💶 Parking en Rabat: 20 Dh (2 €) por 4 h
La autopista une Tánger con Asilah, así que aunque llegues de noche se hace en una hora. Aparcamos en el parking reservado para caravanas de Asilah y a dormir.
En invierno hay pocas horas de luz, así que madrugar es clave. A las 8:30 ya estábamos paseando por la medina, y ahí descubres la contrapartida: en el país del “prisa mata”, a esas horas la gente sigue revolviéndose en las sábanas. Pero tiene el encanto de ver la ciudad en calma solitaria con el ruido del mar de fondo.
Asilah es un pueblito costero con una medina muy cuidada y los azules y blancos característicos de los pueblos costeros marroquíes. Es conocida por su festival de murales, que se celebra todos los años y hace que el pueblo sea distinto de un año para otro, porque los murales cambian.
Rabat: la kasbah Oudaya y la Torre Hasan
Conducir por Marruecos es una experiencia interesante, pero meterte en una rotonda en Rabat es digno de una película de terror. Sorteando todo tipo de artilugios con ruedas llegamos a un parking que resultó ser el de la estación de tren, y ahí tuvimos nuestro primer regateo: 20 dirhams (2 €) por cuatro horas.
En la medina el consejo es siempre el mismo: sin perder de vista lo que marca la guía, déjate llevar y métete por las calles según te apetezca. Es como mejor se disfruta este país.
Lo que más nos gustó de Rabat fue la kasbah Oudaya, una pequeña zona amurallada colgada sobre la desembocadura del río Bouregreg. Calles blancas y azules muy cuidadas y una tranquilidad muy alejada del bullicio de la medina. Y de ahí se ve el mausoleo de Mohamed V, en la explanada de la Torre Hasan: los vestigios de lo que iba a ser la mezquita más grande del mundo después de la de Samarra. La torre debía medir 60 metros y solo llegó a 44.
📚 UNA COSA QUE NOS HIZO PENSAR — En una calle de la kasbah, una mujer nos invitó a subir al tejado de su casa para ver las vistas. Y entramos sin pensarlo. Es curioso cómo funciona el subconsciente: acostumbrados a que te la líen hombres que con la excusa de enseñarte algo luego te reclaman propina, el hecho de que fuera una mujer nos inspiró confianza de manera innata. Nos explicó cuatro cosas de la ciudad, y al despedirnos nos pidió tímidamente una propina que le dimos con gusto. Era exactamente el mismo trato. Solo cambiaba quién lo ofrecía.
Día 3: Fez, la medina donde te pierdes de verdad
👣 Medina de Fez el Bali | ⌚️ Toda la mañana, y se queda corta | 💶 Guía no oficial: 50 Dh (5 €) | 🚶 10 km andados dentro de la medina
Llegamos a media tarde, que en invierno es prácticamente de noche, y dimos una vuelta de reconocimiento. Los comerciantes estaban cerrando y la medina se iba volviendo más y más fantasmagórica: los puestos cerrados, las calles estrechas, casi sin gente y con esas luces anaranjadas de las lámparas de vapor de mercurio. Daba respeto meterse más en la boca del lobo.
Y ahí es donde tomamos una decisión que recomiendo: en la medina de Fez merece la pena agenciarse un guía. Un chaval empezó con el clásico cortejo al turista —”¿de dónde sois?”, “¿estáis perdidos?”— y en lugar de espantarlo, nos dejamos llevar un rato para ver qué tal se portaba y le propusimos que nos guiara al día siguiente. Quedamos a las 9:30 en el parking.
Comenzaba el laberinto del minotauro en versión marroquí. Calles, giros, cuestas y puertas se suceden a una velocidad imposible de recordar. Llega un momento en el que no sabes si vas o vienes, si has pasado dos, tres o siete veces por el mismo sitio.
Ir con guía tiene una ventaja que no esperas: te olvidas de todos los aspirantes a guía que te taladran intentando acoplarse. Ven que ya tienes dueño y ni lo intentan.
Lo mejor de la ruta fue que nos llevó a lo alto de una colina a las afueras de la medina, donde los curtidores ponen la piel a secar, con una panorámica brumosa de todo Fez. Eso no lo encuentras solo.
💡 CÓMO NEGOCIAR CON UN GUÍA NO OFICIAL — Dos reglas. Primera: acuerda el precio antes de empezar. Nosotros pagamos 50 Dh (unos 5 €) por toda la mañana y nos pareció justo por ambas partes. Segunda: di desde el minuto uno que no quieres pisar ni una tienda. Lo dijimos y aun así nos llevó a un par, amparándose en que “no son tiendas, son cooperativas”. La solución es simple: entras, dices que no vas a comprar nada y sales. Sin dramas.
Los curtidores de Fez y las ramitas de menta
Es lo más impactante de la ciudad. Se ven desde las terrazas de las tiendas de cuero, y según vas subiendo compruebas el pestazo que empieza a haber. Muy amablemente te dan unas ramas de menta para ponerte en la nariz y hacerlo llevadero.
Hubo un momento en que tuve que elegir entre menta en la nariz o hacer fotos. La respuesta es obvia. Al final no es para tanto.
🧭 EL TRUCO QUE NOS SACÓ DE LA MEDINA — Salir de Fez el Bali después de cuatro horas dentro es misión imposible. Yo había lanzado una app de tracking en el móvil al entrar, por si acaso, y deshacer el camino con el track fue lo que nos sacó al parking. De paso descubrimos el dato que mejor resume esa medina: habíamos andado 10 kilómetros sin salir de ella.
🎟️ SI PREFIERES GUÍA OFICIAL — Nosotros fuimos con un guía informal y salió bien, pero si quieres ir sobre seguro y en español, en Fez tienes free tour por Fez y visita guiada por la medina. Y para lo que nosotros hicimos deprisa y corriendo el último día, la excursión a Volubilis, Mulay Idrís y Meknes lo resuelve en un día.
Cruzar el Atlas: la etapa que hay que planificar bien
Aquí va el error que estuvimos a punto de cometer. Mi plan original era cruzar el Atlas por Imilchil, un pueblito del que guardaba muy buen recuerdo de un viaje anterior. Pero leyendo antes de salir descubrí que a esas alturas del año la carretera de Imilchil está cortada por la nieve. Así que lo rodeamos por Errachidia.
Si vas en invierno, comprueba el estado de los pasos del Atlas antes de trazar la ruta, porque una carretera cortada aquí no son diez minutos de desvío: son horas.
En Marruecos el problema no son los kilómetros en sí, sino la eternidad que cuesta recorrerlos.
A cambio, conducir por esas carreteras escarpadas es una delicia, y ver ponerse el sol atravesando el Atlas es en sí una parte muy bonita del viaje.
Esa noche paramos en medio de la nada porque no aguantaba más sin bajar a mear, y lo que vi al levantar la cabeza fue el cielo más espectacular de mi vida. Solo pude decirle a Laura “cooooorre, sal”. Sin saber por qué, salió y dijo “aaaaalaaaaa”. Se veía la Vía Láctea a la perfección. Sin contaminación lumínica, con noche rasa y en semana de luna nueva. Ha sido, sin duda, el meo más provechoso de mi vida.
Día 4: gargantas del Todra y del Dadès
👣 Tinerhir y alrededores | ⌚️ Trekking: 2 h de ida por el oasis, 1 h 15 de vuelta por carretera | 🍽️ Tajine de pollo y cous-cous en Tinerhir
Llegamos de noche a un camping a los pies del Todra —haciendo hora y media extra después de cenar en Errachidia, precisamente para amanecer allí y no perder ni un minuto de luz—, y a la mañana siguiente nos calzamos las botas.
El dueño del camping nos recomendó subir a las gargantas a través del oasis, que ellos llaman “el jardín”, en lugar de por la carretera. Y es el mejor consejo del día: el verde de las palmeras contrasta con el naranja de la tierra de las kasbahs y de la roca, y según ganas altura ves cómo el oasis está encajado en medio de una zona absolutamente desértica.
No hay un camino definido: son parcelas de cultivo con miles de senderos, así que sabes hacia dónde vas y vas preguntando a cada agricultor. En unas dos horas sales al pueblo que hay a la entrada de la garganta.
La garganta del Todra es verdaderamente bonita: caminar entre dos paredones de naranja intenso te hace sentirte un grano de arena. Pero con una pega honesta: se pierde un poco la autenticidad del resto de la ruta. Aun sin ser temporada alta, los coches particulares y los tours llegan hasta los pies de la garganta.
✅ CONSEJO — Sube por el oasis y baja por la carretera — El laberinto del oasis es precioso pero retorcido de seguir. Nosotros subimos por ahí en dos horas y volvimos por la carretera a paso ligero en poco más de hora y cuarto. Ves lo mejor y no repites lo complicado.
El Dadès: opinión sincera
El desvío está cerca de Tinerhir, pero desde el desvío hasta la garganta hay 24 km de carretera retorcida —y cuando digo retorcida, es retorcida de verdad— que cuestan un buen rato.
Y te lo digo claro: la garganta del Dadès en sí no merece mucho la pena a menos que vayas a hacer alguna ruta. Es la hermana pequeña del Todra. Lo bonito es el recorrido hasta ella, no ella. Si lo haces con los últimos rayos de sol, pasar por esos pueblecitos que parecen nacidos de la propia tierra te deja unos naranjas difíciles de explicar con palabras.
Día 5: Ouarzazate y Ait Ben Haddou
👣 Sureste, tras el Atlas | ⌚️ Media mañana entre las dos | 🕒 Llega a Ait Ben Haddou antes de las 10:00 | 🧥 Abrígate: el viento baja helado del Atlas
De Ouarzazate, el “Hollywood marroquí”, te voy a ahorrar tiempo: el único punto realmente interesante es la Alcazaba de Taourirt, y ni siquiera. Yo ya la había visitado y es casi más bonita la vista desde fuera que los rincones interiores, así que esta vez pasamos de entrar. Hay estudios de cine con platós y decorados, pero si lo que buscas no son parques temáticos, Ouarzazate no da para mucho más. Eso sí: un té a las puertas de la alcazaba, con ese viento, sabe a gloria.
Ait Ben Haddou es otra cosa. Es un ksar, una ciudad fortificada de paja y barro que parece salida de la tierra, una prolongación del terreno donde se apoya. Solo la vista desde la carretera al llegar ya merece el desvío. Aquí se rodaron Lawrence de Arabia, Gladiator, La Momia y Juego de Tronos, entre muchas otras.
Se sube entre calles y escaleras hasta una especie de castillo que corona la colina, desde donde se ve prácticamente todo el valle.
⚠️ NUESTRO ERROR DE CÁLCULO — Como en todo el viaje apenas nos habíamos cruzado con turistas, dimos por hecho que Ait Ben Haddou estaría tranquilo llegando pasadas las diez. Nada más lejos: ya estaba abarrotado. Podíamos haber llegado perfectamente antes y no lo hicimos. Si vas en furgoneta y duermes cerca, madruga: es de esos sitios que apetece ver de otra manera.
El Atlas a 3.000 metros: fósiles y regateo
Para llegar a Marrakech hay que cruzar el Atlas otra vez, y la carretera sube prácticamente hasta los 3.000 metros, donde se acumulan puestos de fósiles y de argán.
Yo buscaba un fósil sin trabajar para mi padre, con la meta clara de no gastar más de diez euros. Entré en la primera tienda para tomar el pulso a los precios, cogí un amonites del tamaño de la palma de la mano y pregunté: cien euros. Le dije que no tenía claro que fuera auténtico y que buscaba algo de diez. Rebajas sucesivas, y le dije que iba a seguir mirando. Al salir de la tienda ya me lo estaba dejando por diez euros.
Ese es el regateo en Marruecos resumido en una escena: del primer precio al último hay un factor diez. Al final compré en otro puesto un fósil tosco sin pulir por 100 Dh (10 €), una cuarta parte de lo que me pedían.
🍷 LA MEJOR COMPRA DEL VIAJE — Mientras yo andaba con los fósiles, el vendedor del puesto de al lado se acercó a la furgo con la cantinela de “amigo, mira mi tienda, solo mirar”. Y en una de esas soltó: “cambio por cerveza”. Nos acordamos de unos bricks de vino que llevábamos en la furgo desde vete a saber cuándo, y le dije: “birra no, but very good wine“. Se le pusieron los ojos como platos. Nuestro souvenir de ese viaje es un tajín de cerámica que costó exactamente dos bricks de vino. En un país donde el alcohol es difícil de conseguir, el trueque vale más que los dirhams.
Días 6 y 7: Nochevieja en Marrakech
👣 Medina, plaza Jemaa el-Fna, zocos | 💶 Zumo de naranja en la Fna: 4 Dh (40 céntimos) | 🛏️ Parking tras la Kutubia y, después, riad
Llegamos un día antes de lo previsto, así que la noche del 30 la pasamos en el parking que hay tras el minarete de la Kutubia y dedicamos la tarde a un primer paseo sin pretensiones.
Lo primero, de manual: un zumo de naranja en la plaza Fna por 4 dirhams, cuarenta céntimos. Y después, dos avisos honestos sobre la plaza:
- Los zocos se apagan pronto, pero la plaza Fna hace justo lo contrario: es de noche cuando alcanza su máximo esplendor.
- Cenar en los puestos de la plaza es un timo, y lo digo sin matices. No es caro en términos absolutos, pero para lo que es Marruecos es mucho dinero. Ve por la experiencia, no por la comida ni por el precio.
Los curtidores de Marrakech: mejor que los de Fez
Este es probablemente el mejor dato de toda esta guía, y ni siquiera lo sabíamos: nos lo contó una amiga la noche anterior. En Marrakech también hay curtidores, y son bastante más interesantes que los de Fez.
La diferencia no es cómo trabajan, sino cómo está organizado el sitio:
- Es infinitamente menos turístico. Básicamente éramos los únicos.
- Entras directamente donde se curten las pieles, no lo ves desde una terraza como en Fez.
- Están divididos por tipo de piel: vaca, cabra, oveja y camello.
Nos guio un lugareño y fue un acierto. Nos explicó el proceso completo: las pieles pasan 24 horas en cal viva para poder arrancarles bien la lana, luego se les quita la grasa y se pasan por cubetas con agua, orín y excremento de paloma para ablandarlas. Con ese mejunje se entiende el pestazo. Aquí el olor es bastante más duro que en Fez, precisamente porque estás dentro. Las ramitas de menta también te las dan.
Le dimos 50 Dh de propina y los valió: vimos y fotografiamos cosas que de otra manera no habríamos podido. Eso sí, después le preguntamos si conocía la calle de nuestro riad para que nos guiara hasta allí y, tras meternos en la tienda de rigor donde no compramos nada, el tipo se había esfumado. Cosas del directo.
⚠️ SI RESERVAS RIAD, PIDE QUE TE VENGAN A BUSCAR — Tardamos más de una hora en llegar al nuestro. Nadie a quien preguntamos conocía la calle. Llamamos desde un locutorio, salieron a buscarnos, y el que venía a buscarnos se perdió también: cuarenta minutos después seguíamos en la misma esquina. Al final apareció un chaval en bicicleta. Los riads están escondidos a propósito y con GPS no se llega. Acuerda un punto de encuentro reconocible —una puerta de la medina, una plaza— y no la dirección.
Merece la pena, eso sí. Una riad es una casa marroquí con patio interior, muy parecida a los patios andaluces —que al fin y al cabo son una de las herencias de los 700 años de al-Ándalus—. Es curioso cómo, después de callejas de mala muerte, de repente se abre un precioso patio blanco lleno de luz y cuidado hasta el mínimo detalle.
Para la cena de Nochevieja elegimos un sitio de comida marroquí con terraza. No era barato, pero la pastela estaba de muerte y la carne especiada, deliciosa. Aunque el final fue poco épico: después de doce horas pateando y sin siesta, a las doce brindamos y nos fuimos a la riad a caer muertos. Como dos jubilados.
🎟️ MARRAKECH CON GUÍA — Si prefieres una primera capa de contexto antes de perderte por tu cuenta: free tour por Marrakech. Y si tu ruta no va a subir al Atlas como la nuestra, desde aquí salen la excursión a las cascadas de Ouzoud y la excursión de 3 días al desierto de Merzouga — el desierto es lo único grande que nosotros nos dejamos fuera.
Día 8: las cascadas de Ouzoud
👣 A unos 150 km de Marrakech, más una hora larga desde el desvío | ⌚️ Salimos a las 6:30 | 💧 Salto de 110 metros
Primera lección de la etapa: decir en Marruecos que algo “está de paso” es mucho decir. Ouzoud queda teóricamente de camino a Meknes, desviándote un poco. Del desvío a la cascada hay una hora larga de coche.
Segunda: hay dos formas de bajar a la cascada. La rápida es una escalinata llena de puestos que te deja abajo en cinco minutos. La otra rodea la cascada por la derecha a través de un pequeño bosque y te lleva a sus pies. Coge la de la derecha, sin dudarlo.
El salto de agua, de 110 metros, es imponente. Pero voy a ser sincero con lo que nos encontramos abajo: es una pena que lo hayan convertido en un Port Aventura cutre. Y eso que íbamos avisados y era invierno; en verano no me lo quiero ni imaginar.
Te das cuenta de lo que significan los espacios protegidos y de la necesidad que hay de ellos. El ser humano arrasa con todo aquello que se pueda convertir en dinero.


Día 9: Meknes, Mulay Idrís y Chefchaouen
👣 Norte | ⌚️ Una mañana para Meknes, una tarde para Chefchaouen | 🕒 Salimos hacia Tánger a las 18:30
Meknes es la última de las ciudades imperiales, y la dejamos para el final precisamente porque es la que menos jugo tiene. Tiene la puerta más impresionante de Marruecos, Bab Mansour, y es una ciudad cuidada, con menos barullo y más sosegada que sus hermanas. Con una mañana vas servido.


Intentamos entrar en el mausoleo de Mulay Ismaíl pero estaban de rezo y no se podía hasta dos horas después. Como no somos de ver muchas piedras sino de perdernos por las callejas, seguimos caminando.
De camino al norte hicimos una parada brevísima en Mulay Idrís, uno de los pueblos más sagrados de Marruecos, donde hasta hace relativamente poco no estaba permitida la visita a turistas.
Chefchaouen, la ciudad azul
Según avanzas hacia el norte los verdes del valle del Rif van dejándose ver, dejando atrás los paisajes desérticos de Tinerhir. Y en uno de los quiebros de la carretera aparece un montón de casas azules encajadas en la montaña.
Solo hay una palabra que defina Chefchaouen: azul. Según te adentras en la medina el azul se vuelve más y más intenso, hasta sentirte como en el fondo de una piscina vacía.



Y aquí va mi único arrepentimiento del viaje. Chefchaouen se merecía más de una tarde. La medina tiene bastante trasiego, pero la mayoría de la gente somos forasteros, y cuesta encontrar rincones con gente autóctona o ver la vida del pueblo en profundidad. Me quedé con muchas ganas de volver y dedicarle días. Podría tirarme una semana solo sacando fotos aquí.
✅ SI REHICIÉRAMOS ESTA RUTA — Quitaríamos el día de Ouzoud y le daríamos dos noches a Chefchaouen, con una ruta por el valle del Rif. Es lo único que cambiaría de los nueve días. Si vas sin furgoneta, hay excursión a Chauen desde Fez, aunque en un día te pasa lo mismo que a nosotros: te sabe a poco.
Dónde dormir con la furgoneta en Marruecos
Tienes tres opciones y nosotros usamos las tres:
- Campings. Baratos y seguros, sin lujos. Llegamos a pagar 6 € por furgoneta y dos personas con agua caliente; sin agua caliente eran 4 €. Es la opción por defecto.
- Parkings vigilados. Lo mejor para dormir en ciudad. En Marrakech hay uno a doscientos metros de la plaza Fna, y en Asilah otro pequeño específico para campers. Negocia siempre el precio antes de aparcar.
- Acampada libre. Posible en muchas zonas, pero pregunta antes a los locales.
🌙 UNA COSA QUE APRENDIMOS A LA MALA — Llegamos a un camping de noche y estaba con las verjas cerradas, después de un montón de horas al volante. Empujé, cedió, y acabé encontrando al dueño cenando en un cuartucho, que nos indicó dónde dejar la furgo. Salió bien, pero en invierno los campings pequeños echan el cierre pronto: si vas a llegar tarde, avisa o ten un plan B. Y para los parkings de ciudad, en muchos te van a pedir que dejes el freno de mano quitado para poder mover los vehículos.
Conducir en Marruecos: lo que de verdad tienes que saber
Las autopistas son buenas —Tánger-Asilah, Rabat, Casablanca— pero las secundarias son otra cosa. Estas son las cuatro cosas que te van a pasar:
- Los arcenes están vivos. Burros, motos, peatones, carros. A cualquier hora.
- Los camiones adelantan donde no cabe. Nos vimos con uno de frente que no tenía ni margen; nos salvó que había arcén. Los cinco minutos de tembleque posteriores no te los quita nadie.
- De noche nadie lleva reflectantes ni luces. Absolutamente nadie. Nos encontramos un camión a 20 por hora sin ninguna luz trasera y lo vimos cuando lo teníamos encima.
- Los límites bajan a 60 km/h a la entrada de cada pueblo y suben a 100 fuera. Ir a 60 se parece bastante a ir en bici, y es facilísimo despistarse.
La conclusión práctica: evita conducir de noche siempre que puedas. Nosotros lo hicimos varias veces porque en invierno anochece a las seis y en Marruecos la gente vive con la luz —en cuanto el sol se esconde, los pueblos mueren y es buen momento para hacer kilómetros—, pero es la parte del viaje en la que más sustos nos llevamos.
Los radares y la policía
Marruecos está absolutamente plagado de controles de velocidad, muchos de ellos con radar de mano y agentes que aparecen literalmente de detrás de un seto. En un solo día nos pararon en cuatro controles: dos rutinarios de papeles y dos de velocidad.
Y no hay margen: en uno de ellos nos pararon por ir a 68 km/h en una zona de 60. Ocho kilómetros por hora. El agente incluso nos enseñó la foto e hizo una demostración con los coches que pasaban para probar que el radar funcionaba bien. La multa que nos indicaron era de 300 Dh. Diez minutos después, otro control, otra vez 68, otra vez lo mismo.
Un dato útil: los radares no funcionan de noche, son cámaras de mano sin flash. Pero de noche la velocidad te la marcan las condiciones, no los radares.
⚠️ SOBRE NEGOCIAR LAS MULTAS: LO QUE NOS PASÓ Y LO QUE TE RECOMENDAMOS — En otro control nos pararon a 82 en zona de 60, con una multa de 700 Dh, y acabamos pagándole 300 Dh directamente al agente. Llamemos a las cosas por su nombre: eso es un soborno, y lo contamos porque pasó, no como consejo. No lo repetiríamos y no te lo recomendamos: te expone a un problema legal mucho más caro que la multa. Lo que sí funciona es lo aburrido: respetar escrupulosamente los 60 a la entrada de cada pueblo, llevar toda la documentación del vehículo en regla —a nosotros un control rutinario nos vino bien para confirmarlo— y, si te multan, pagar la multa y pedir el recibo.
Regateo, guías y dinero
El regateo no es opcional, es el sistema de precios. En mercados, taxis, parkings e incluso campings se negocia todo. Como referencia real, en mi caso un fósil pasó de 100 € a 10 € en el tiempo que tardé en salir de la tienda, y el tajín de cerámica lo cambiamos por dos bricks de vino.
- No muestres interés en lo que quieres. Pregunta por tres cosas y compra la segunda.
- Di tu precio y mantente. Un precio razonable suele estar entre un 40 y un 50 % por debajo del primero que te dan, y a veces mucho más.
- Marcharte es la mejor herramienta. Si de verdad quieren vender, te llaman antes de que dobles la esquina.
- Con los guías no oficiales, precio cerrado antes de empezar y avisa de que no quieres entrar en tiendas. Unos 50 Dh por media jornada nos pareció justo para ambas partes.
Sobre el dinero: la moneda es el dirham marroquí. Aunque en muchos sitios aceptan euros, el cambio que te aplican nunca es favorable: te lo redondean a la baja. Cambia en bancos o casas de cambio de ciudades grandes.
Y sobre navegación: no dependas de internet. Lleva mapas offline descargados y, si vas a meterte en medinas, una app que grabe tu track. A nosotros nos sacó de Fez.
🛡️ SEGURO DE VIAJE — Con vehículo propio esto tiene doble filo: necesitas cobertura médica y también tener claro qué cubre tu seguro de coche fuera de la UE (la carta verde y la asistencia en carretera se contratan aparte). Nosotros viajamos con IATI Seguros y con nuestro enlace tienes un 5 % de descuento. Revisa que incluya gastos médicos y repatriación, y comprueba aparte la cobertura de tu vehículo en Marruecos antes de embarcar.
Preguntas frecuentes sobre viajar a Marruecos en furgoneta
Lo que nos llevamos de Marruecos
Nueve días, dos cruces del Atlas, cuatro controles de policía en una sola jornada, un tajín que costó dos bricks de vino y el cielo más estrellado que he visto en mi vida, visto en una parada para mear en medio de la nada.
Marruecos es de otra pasta: aquí todo se negocia, hasta lo que parecía más oficial. Y esa es exactamente la razón por la que hay que ir en furgoneta. Cuando el viaje no está cerrado de antemano, el país se encarga de reescribírtelo cada día.
Si te van los viajes por carretera y por libre, échale un ojo también a nuestra guía del Kilimanjaro y a la ruta por Cuba.

