Como cualquier viaje que se precie, hay que terminarlo en todo lo alto y sobre todo de relax. Y este no iba a ser de otra manera. Las paradisiacas playas de Varadero y una brillante pulserita nos esperaban. Como si de una metáfora se tratara, Varadero es el punto más cercano a EEUU y también la zona más consumista y orientada al turismo “all included”. Pero no puedes irte de Cuba sin conocer las playa de arena blanca coralina.

Como un grupo de adolescentes hormonados llegamos impacientes al hall del hotel para asistir a la ceremonia de colocación de pulsera y realizar el reparto de habitaciones. Bañadores chancletas y a la playa. Primeras horas en la playa y parecía que teníamos que realizar todas las actividades en menos de 2h, como si nos las fueran a quitar de las manos. Una competición de pedalós (bueno, hidropedales o como quiera llamarlo el personal, por lo que he podido ver, lo de pedaló es algo bastante norteño 😉 ), una escapada en catamarán para disfrutar del viento surfeando cada hueco de nuestras caras y un poco de snorkel podría ser un buen resumen del primer día en Varadero. Sin dejar de lado el pedazo de partido de voley que nos pegamos, con una ajustada victoria del equipo del que formaba parte. No saqué una foto en todo el día para que os hagáis una idea del nivel de relax al que pude llegar.

El día transcurrió sin más quehaceres que echarse bien de crema para no acabar cangrejitos y como cada día llegaba la noche. Ya duchaditos y aseados nos acercamos al espectáculo nocturno que ofrecía el hotel. Y gracias a Dios que aparecimos por el bien de los turistas que observaban sentados en espectáculo musical. En un giro inesperado del guión, Carlos y Curro se metieron entre el púbico y la actuación para bailar con actitud de no estar siendo observado por decenas de personas. Y bien que aguantaron sus segundos de “solos ante el peligro”, pero poca chispa le hacía falta al grupo para acabar montando una buena jarana encima del escenario. Cubatas, bailes, coreografías y muchisimas risas encima del escenario. Así arrancaba la primera noche en Varadero. El problema viene cuando se acabó la música, por desgracia demasiado pronto. Así que tocaba buscar plan fuera del hotel. Tras no pocas vueltas, los más juegas para variar nos acercamos a una discoteca para seguir con la noche cubana. Pero al ver el panorama de la discoteca, y como ya dijo en su día Napoleón, “Una retirada a tiempo, en una victoria”. Así que el grupo se dividió entre los ultrafiesteros y los más pragmáticos que nos batimos en una dulce retirada.

El segundo día, arrancaría con un plan insuperable. Un par de inmersiones en Coral Beach, una de las mejores zonas de buceo de Cuba. Así que neopreno en mano, Jose Pablo, Carlos, Morón y yo nos zambullimos en los abismos cubanos. Decir que el señor Morón (del grupo de los ultrafiesteros, y posiblemente el jefe fiestero máximo) tras salir de juerga, se levantó un par de horas antes que el resto para hacer al taller básico de bautismo de buceo. Era el único que no tenía el título, y ole su cuerpo serrano que se metió al agua como una sirena.

Morena arriba, langosta abajo así transcurrió una mañana de la que tengo un muy buen recuerdo. Ya pasadas las 15.00 regresamos al hotel a llenar el buche para pasar otra tarde de sol, arena y playa. Yo cai rendido en una buena sombra y mecido por una ligerísima brisa dejé que se me cayera un poco la baba. En un momento de la tarde se me acercó Estrella con sigilo y con un “perdona que te interrumpa la siesta, pero no conseguimos hacer una buena foto en la orilla, ¿nos ayudas?”,… y ahí comenzó lo que terminaría siendo el shooting del verano. Primero con el iPhone de Estrella, pero obviamente no pude contenerme. ¿Un día sin hacer fotos, atardeciendo en Varadero y unas cuantas modelos dispuestas y dispuestos a dejarse cautivar por el objetivo? Os podéis hacer una idea. El shotting, terminó cuando mi cámara decidió no volver a mostrar ninguna foto por el display. Gracias a Dios estábamos terminando, era el último día y estaba asegurada. Pero gracias equipo por vuestras caras de preocupación del tipo “Hostias.., se le ha jodido la cámara”,.. todo bajo control. Dos días tras la vuelta, la cámara ya funcionaba al 100%.

Así que ya con el sol acariciando el horizonte y con esa mezcla de nostalgia y felicidad nos sentamos en lo que sería nuestra última cena en la isla. Y tras el éxito de la noche anterior, nos fuimos con nuestra coreografía ya más que aprendida (notese la ironía) a ponerla en escena en el escenario del espectáculo de noche. Una noche más, movimiento de caderas arriba, movimiento de caderas abajo cerramos el espectáculo hotelero en lo más alto.

Tras esto y como si una extraña fuerza nos moviera, terminamos sin haberlo acordado previamente todos sentados en la playa, en un corro muy boy scout en el que solo faltaba la hoguera y la guitarra. Y de la misma manera, y lo que lo hizo especialmente bonito fueron surgiendo palabras sobre el viaje, la gente, nuestros momentos especiales. Creo que a nadie se le escapará que es de esos momentos increíbles donde te sientes tremendamente afortunado de haber formado parte de este viaje, viaje en el sentido menos terrenal de la palabra. El contenido de ese corro será algo que cada uno llevará en su memoria porque de mis manos no saldrá ni una palabra, ni una foto de lo que fue.

Y cuál podía ser el broche a algo así. No hace falta ser muy avispado para saberlo. Un delicioso baño a la luz de la luna para despedir a la isla que tanto nos ha dado. Todos sin excepción pusimos nuestro culo a remojo para cerrar un viaje sencillamente perfecto. Ya con las manos arrugadas salimos para ver cuál sería el plan de esa noche, pero la verdad es que con el tute de salir que llevábamos y el largo día no teníamos ninguno cuerpo para salir. Así que decidimos darnos un chapuzón en la piscina absolutamente ilegal por las horas. Aunque bueno Carlos con no sé con qué poder mental consiguió que el guardia dejara quedarnos a remojo. Ya muy en silencio e intentando saborear los últimos minutos del viaje cerramos la noche los últimos irreductibles flotando en una piscina en absolta calma.

¡Varadero, ay Varadero!
Varadero, ven y cuéntalo.
Tiembla Mitch Buchannon

Con esa sensación transmitida por el Dúo dinámico en “El final del verano” arrancaba nuestro día de las despedidas. Serían escalonadas, pero todos sabíamos que esa noche ya no habría jarana, ni charlas, ni salsa. Aunque aún quedaba el último momentazo del día. Llegando ya a La Habana, y pasando junto al malecón convencimos a Salcedo de que nos parara para hacer nuestra maravillosa coreografía frente al malecón para bordar el videclip. Y así fue, con una superproducción digna de Marc Anthony nos echamos el último bailable del viaje.

En la Habana nos despedimos de Carlos que se quedaba un día más y de nuestros guías espirituales Jose Pablo y Maria José. El resto nos íbamos para el aeropuerto para despedir a parte del grupo que volaba sobre las 19.00. El Iberia team y Estrella nos quedamos echando algún que otro juego de mesa patrocinado por Cristina y fuimos viendo las horas pasar hasta que llegó nuestra hora de embarcar.

Un dulce vuelo hasta Madrid nos separaba de la cruda realidad. Pero nunca jamás volé tantas horas sin ni siquiera levantarme a mear. 9h del tirón, y el 80% soplando. La verdad es que fue un viaje de esos cómodos y que abres el ojo con un “¿solo quedan 2h?”

Como decían Tango Feroz, todo tiene un final, todo termina. Maletas en mano nos fuimos despidiendo hasta encontrarme solo en un taxi rumbo a mi casa. Pero con una sensación muy parecida a cuando volvía de campamentos. Cuba ya estaba en el recuerdo.

Al principio de la crónica ya contaba que para mi este viaje ha sido algo absolutamente del destino. Se cruzó en mi muro del facebook sin comerlo ni beberlo, pero tardé menos de 15min en decidirme. Sabía que algo bueno iba a aportarme esta experiencia.

Como en un campeonato de atletismo, el viaje ya llevaba una nota de base atendiendo a multiples factores. Pero es que la ejecución ha sido digna de Nadia Comăneci. Un rotundo 10. Es increíble como puedes generar lazos con gente que hace 10 días ni siquiera conocías, y eso es precisamente lo que hace que el viaje se convierta en una experiencia. En este grupo había gente joven y no tan joven, al menos biológicamente hablando porque la edad es un término del que se podría hablar largo y tendido. Había gente en pareja, gente con pareja que viajaba sola y gente sin pareja. Y aunque pueda parecer difícil que un grupo tan heterogéneo cuaje, pues así fue. Las comidas, las charlas, los repartos de habitación. Todo ha ido haciendo germinar un espíritu de grupo muy interesante y divertido.

Solo puedo dar las gracias a Jose Pablo y a Maria José por hacer posible todo esto, por cuidar cada detalle y por ser el motor de arranque de una experiencia así. Al resto del grupo, qué deciros. Que todos y cada uno habéis aportado algo que ha hecho que mi experiencia sea esta y no otra. A Jorge y Alba, por vuestro salero y vuestra sonrisa permanente, a Jorge por la noche de pasión que me dio y a Alba por verte venirte arriba al segundo acorde. A Fili y Mila, por vuestro gran corazón, por veros disfrutar de la vida y por saber decir tanto con tan pocas palabras. A Laura, por su inquietud periodística por hacer que surjan conversaciones interesantes como la del camarero del bar de La Habana y de las que he disfrutado muchísimo. A Curro y Manoli, por vuestro coraje, por ser tan auténticos y darnos ratos tan divertidos. A Cris M por tus convicciones y sobre todo por hacer que fuéramos la mejor pareja del videclip de largo ;-). A Cris R por todas y cada una de las conversaciones surrealistas pero bonitas y por hacer que mi cadera y mis hombros dejen de estar soldados. A Tomás, por hacerme disfrutar tanto viéndote disfrutar tanto del baile. A Marta y Fali por haber formado parte de todo esto con un nene recién llegado, sois el ejemplo de que en la vida se puede compaginar todo y solo es cuestión de voluntad y ganas. A Pepe por ser en el fondo un juerguista encubierto, por tus pocas pero medidas palabras. A Carlos y Morón (lo siento tengo que trataros como una pareja) por sacarme el diablo que llevo dentro, la noche de “La gruta del bacalao” no tuvo precio. A Andrea por todos esos momentos en los que intentamos arreglar el mundo, igual algo ya llegamos a arreglar. A Estrella por tus ovarios a la hora de afrontar este viaje con esa vitalidad, tienes mi más profunda admiración. Y finalmente a Eddy y Salcedo por su carisma, su cara de pillos y su disposición para todo. En resumen, a todos y todas por esta experiencia única.

GRACIAS FAMILIA.

Y me despido de esta crónica con un video que preparé con unas cuantas imágenes que intentan resumir lo que ha sido el viaje. Hasta el próximo viaje.

2 Comments

  • A Costa
    Posted 24/04/2018

    Perfecto para días pasados escalofriante y nadar o practicar deportes acuáticos. Los bares de playa también , el mar es cristalina……..

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