Ayer, el día volvió a ser madrugador, 4 horas de coche nos separaban del Mar Muerto y no queríamos desaprovechar ni un solo minuto. Puntuales a las 7 de la mañana nos pusimos en carretera con dirección al Mar Muerto.

Tras echar un placentero sueño mientras Salah conducía con pulso de hierro, llegamos al Movenpick. Pensábamos que superar el hotel de Aqaba iba a estar difícil, pero “imposible is nothing”. La madre que me parió que hotel, sinceramente creo que se acercaba más a un parque temático que a un hotel. Una pequeña ciudad en miniatura se abría entre arroyos y palmeras. Las habitaciones eran una especie de apartamentos ambientados de una manera exquisita, andar por el hotel era los más parecido a estar dentro de una película.

Tras una revisión al milímetro al más puro estilo Paco Martinez Soria, nos fuimos plano en mano a recorrer el resto del hotel ya que podíamos intuir que había para rato. De las piscinas que os voy a contar, la principal era una playa creada en medio del recinto, arena, sombrilla, txiringuito y una piscina-playa que se pierde en el horizonte.

Aquí no terminaba todo, una de las “pequeñas” estaba en una terraza con vistas y acceso al mar muerto, música chill-out y para que quieres más.

Dejando el hotel de lado, lo que realmente nos apetecía era ir a probar la flotabilidad del Mar Muerto. Comentada por todos los que lo han probado, teníamos una indudable curiosidad por ver cuál era la sensación de bañarse en tan conocido mar. Y la realidad sin duda supera a la ficción, la sensación de flotabilidad en el Mar Muerto es algo de ciencia ficción. En muchas fotos parece que estás apoyado en una tabla en vez de flotando en el mar. No obstante el baño en el mar muerto es algo anecdótico y divertido los primeros 10 minutos.

La concentración de sal del agua es algo que nos ha dejado perplejos. Puedes hacerte una idea de lo que es un mar más salado del habitual, pero lo del Mar Muerto es algo difícil de explicar. Mojarte los labios con el agua es más que desagradable, y que se te meta la más mínima gota de agua en el ojo, de veras, una tortura, doy fé. Así que una vez quitado el gusanillo de flotar en el Mar Muerto salimos a untar nuestros cuerpos serranos de barro como mandan los cánones. No os puedo decir si mi cutis está mejor o peor que antes de embarrarme, pero sin duda es algo muy divertido.

Pero bueno, seamos sinceros tras este periplo por el Mar Muerto lo que apetecía de verdad era tirarse en la piscina y disfrutar del hotel. Así lo hicimos, pasamos parte de la mañana entre chapuzones, mojitos y chill-out. El sol apretaba con una fuerza titánica, y donde mejor se estaba era asomando solo la cabeza por encima del agua.

Podría ponerle más retórica a cómo transcurrió el día, pero la realidad es que aprovechamos para reposar cuerpo y mente, y sin duda el hotel invitaba a hacerlo. Chapuzón tras chapuzón el día fue pasando y tras una suculenta última cena nos retiramos a nuestro rinconcito en medio de la villa, hoy tocaba levantarse a las 4 de la mañana, así que una buena idea era retirarse a hacer las maletas y dejar todo listo.

Con ese punto de pena y de revisión de lo vivido nos plegamos sabiendo que era nuestra última noche en cama king size. Aquí terminaba nuestro viaje, y con la satisfacción de haber exprimido cada minuto en Jordania hemos regresado esta mañana a Madrid donde sin duda las temperaturas veraniegas de la capital se nos antojaban de chiste.

Y como ya dijo Tango Feroz, todo tiene un final todo termina, este es el punto y final de mi bitácora de abordo, pero solo será un punto y aparte de mi blog. He disfrutado escribiendo el día a día del viaje, y sé que dentro de unos años sonreiré leyendo mis propias líneas.

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